“Recuerdo que al principio Luis era la sensación y pasó por varios entrenadores. Y de buenas a primera, como tiende a pasar en Puerto Rico, se fue el ‘follón’ y se quedó baldío, olvidado. Tal vez la prepotencia y arrogancia. Pensaron que su sueño Paralímpico era menos especial que el nuestro. Fue cuando me dijo que quería intentar hacer la cualificación paralímpica de Río 2016 y desde ese momento hice su sueño Paralímpico mi sueño, pues los sueños no entienden de salarios, ni esperan por momentos oportunos. ¡Los sueños se hacen a mano y sin permiso!”, recordó Brenes.
Desde entonces llevan cuatro años y medio entrenando diariamente por ese sueño, al punto de que Brenes se fue a estudiar su maestría a Málaga, España, y hasta allá llegó Pérez.
“Estuvo tres meses viviendo conmigo y esa fue mi prueba de fuego. Llegué en ocasiones a desesperarme pues no sabía la magnitud de convivir con un ciego. Eso significa muchas responsabilidades, pero pase la prueba y ahora estamos superacoplados… Somos, como tendemos a decir, un ejército de dos”.
Pero ese ‘ejercito de dos’ que se formó para finales de 2010 ha sido uno que ha tenido que marchar por un camino lleno de retos y pruebas que solo unos pocos están dispuestos a enfrentar y superar.
“Creo que a veces en la vida, más que escoger los retos, los retos escogen a uno. Miento si digo que escogí el reto de entrenar a Luis; creo que fue todo lo contrario él me escogió a mí”, dijo Brenes, un destacado exjudoka nacional. “Yo ya conocía a Luis y de su gran ejemplo para todos, pero nunca pensé en entrenarlo y mucho menos de ser entrenador Paralímpico. Cuando uno se retira del deporte de alto rendimiento uno suele pensar que será entrenador nacional del equipo convencional, pero del deporte Paralímpico, jamás pasó por mi cabeza”.
Brenes reconoce que “la arrogancia” puede hacer pensar a algunos que ser entrenador de un ciego es una pérdida de tiempo o una degradación de nivel.
“Y no es hasta que uno se inserta en el mundo del deporte de ciegos y del paralimpismo que se da cuenta lo igual de exigente y parecido al alto rendimiento convencional”, agregó. “Por suerte el judo es un deporte propio perceptivo ya que se compone de agarres lo cual transmite información a través de las muñecas. También tengo que decir que Luis no es un ciego cualquiera es ¡un superciego! Así que me ha hecho el trabajo más fácil”.
Pero lo ‘fácil’ es relativo al compromiso, dedicación, amor por el deporte y deseo que las partes tengan en el proyecto.
Largo proceso. Brenes explicó que esun proceso mucho más lento y agotador, ya que toda la transmisión tiene que ser táctil y de mucha retroalimentación verbal. El seguimiento debe ser continuo pues según dijo no puede delegar los entrenamientos físicos como lo haría con un atleta convencional. Como ejemplo, apuntó que no puede dejarle la rutina de pesas e irse, sino todo lo contrario. Debe guiarlo a cada máquina y poner y quitar las pesas.
Brenes indicó que si el entrenamiento físico requiere una atención especial, la parte técnico-táctica le exige mucho más, tanto al atleta como al entrenador.
Siendo un campeón centroamericano en los 81 kilos y atleta olímpico, Brenes entiende que su alumno lo ha superado.
“Cuando empecé con Luis era un judoka con grandes potenciales. Ahora hemos podido despuntar su potencial a otro nivel. Desde su aspecto físico, técnico-táctico y hasta psicológico puedo decir que es otro totalmente”.
“Tenemos posibilidades reales para hacer la cualificación Paralímpica en este ciclo. Y esa es nuestra meta, Río 2016”, concluyó.
Judoka ciego con un sueño Paralímpico
