“Soy una persona con parálisis cerebral, nací prematuro a los 6 meses y medio en Estados Unidos. Crecí en México, de donde es toda mi familia. Tengo doble nacionalidad y he vivido dos realidades diferentes: una siendo protegido por los derechos que ofrece la ley para discapacitados (ADA, por sus siglas en inglés) y otra en México donde no existe una legislación parecida”.
El testimonio es del joven atleta de los juegos paralímpicos, Diego Mariscal, y pone en evidencia las disparidades existentes entre Estados Unidos y América Latina, en términos de trato a los discapacitados.
Sus palabras fueron pronunciadas durante un Google Hangout que organizó el Departamento de Estado para conmemorar los 25 años de la promulgación de la ley.
Los avances más representativos
Las cosas han cambiado desde aquel 26 de julio de 1990 cuando el presidente George H.W. Bush prohibió la discriminación por razones de discapacidad en el empleo, en el gobierno estatal y local, en los lugares públicos, establecimientos comerciales, el transporte y las telecomunicaciones. La historia de otra de las participantes «Judith Heumann, asesora especial de derechos internacionales sobre discapacidad del Departamento de Estado de EEUU» así lo confirma.
“Tengo 67 años, nací en 1947, tuve polio en 1949. Crecí en Brooklyn, NY. En ese momento no existían derechos legales que garantizaran cosas básicas como rampas en las aceras, para que alguien «que usa silla de ruedas eléctrica, como yo» pudiera utilizarlas. No había escuelas, universidades, centros comerciales o cines equipados para discapacitados”, recuerda Heumann, quien tiene años trabajando para remover barreras físicas y otras más para personas con discapacidades sensoriales (ciegos, sordos).
Pero luego, en los 70 eso empezó a cambiar: “teníamos una ley federal que empezó a inspeccionar las construcciones. Y desde entonces hasta los 90, cuando se aprobó la ADA, hemos visto grandes cambios”, dice.
“Ahora tenemos un estándar nacional: cualquier edificio, del gobierno o no, debe cumplir con unas exigencias de construcción. Para mí no era fácil usar el transporte público, muchas de esas cosas han cambiado. Ahora vengo al trabajo en autobús o tren, lo mismo por la noche. Eso era impensable hace 34 años”.
El paso número uno: la educación
Durante la discusión los ponentes destacaron que es necesario que la comunidad de discapacitados luche y demande sus derechos. Mariscal, quien también es fundador de 2gether International destaca que estudió en México y que allí “jamás se habló de las personas con discapacidad”.
Según él, para que una ley como ADA funcione en América Latina hace falta que los discapacitados reciban el apoyo que necesitan para convertirse en agentes de cambio.
“Los derechos de las personas con discapacidad no solo les importan a ellos”, destaca Heumann. “Al principio cuando había oposición para volver accesibles los espacios, la gente pensaba que solo beneficiarían a un pequeño grupo de personas. Pero no, no es solo para las discapacidades: un elevador en el tren es también para las personas mayores, embarazas y con hijos, gente que está cargando cosas personas. Benefician a toda la población”.
Aún queda mucho
La ADA prohíbe la discriminación de empleados con discapacidades. “El gobierno federal tiene aproximadamente 13% de la fuerza de trabajo de individuos con discapacidad, incluyendo veteranos. También estamos viendo un mayor número de estudiantes universitarios con discapacidades”, dice Heumann.
Sin embargo, la tasa de desempleo de personas con discapacidad aún es muy alto, por lo que aun queda mucho por hacer. “Si yo como discapacitada me postulo a un trabajo y siento que me discriminan, debo denunciarlo. El gobierno puede hacer sobre el asunto”.
La experta además destacó que en América Latina se han visto avances en muchos países, en lo que se refiere al acceso al transporte, las construcciones y la inclusión de niños con discapacidades en escuelas. Pero resalta el entorno universitario sigue siendo una barrera para los estudiantes con discapacidad y es necesario crear más conciencia sobre el apoyo que necesitan.
Las lecciones que deja la ley que protege a los discapacitados en EEUU
